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Las encrucijadas de Torres-García llegan al MNAC

 

Dos piezas de 1942, una de estilo clásico y la otra de corte modernista, abren la exposición Torres-García en sus encrucijadas, que se puede visitar en el MNAC hasta el 11 de septiembre. Se trata de dos obras de gran formato y con un concepto similar: el origen de las civilizaciones. El artista las creó a los 70 años y, a pesar de las diferencias, se entregó a ellas con la misma vehemencia. "Ahí reside la grandeza de Torres García que desmonta las visiones superficiales del arte", señala el comisario de la muestra, Tomàs Llorens.

El clasicismo y la modernidad no son enemigos para este artista nacido en Montevideo en 1874, y esa es la idea de esta exhibición de pequeño formato que reúne 80 piezas de Torres-García —70 de ellas son inéditas— . Notas, cuadernos y dibujos acercan al visitante a la intimidad de este creador. "El montaje tiene una intención analítica, no habla de conceptos estilísticos, sino que usa los conceptos del artista para articular la muestra según su punto de vista", argumenta el comisario de la exhibición.

La muestra sigue un orden cronológico, y recoge los primeros trabajos de este artista que llegó a Barcelona en 1890 cuando tenía 16 años y se integró en el círculo modernista de Santiago Rusiñol y Ramon Casas. En esa época, Torres-García conoció a Gaudí y trabajó con él realizando las vidrieras de la catedral de Palma de Mallorca. Con la llegada del siglo XX, Torres-García saltó del modernismo hacía el clasicismo del noucentisme d'Eugeni d'Ors, y Enric Prat de la Riba le encargó pintar unos frescos para la Diputación de Barcelona. Cómo evidencia la exposición, a pesar de ser uno de los artistas más importantes del momento, Torres García no se apoltronó, y en 1920 se marchó a Nueva York para continuar explorando aquello a lo que llamaban modernidad, y empezó a agarrarse a lo efímero y temporal. Como apuntó Llorens, lo que dibujó en la ciudad de los rascacielos conecta con lo que John Dos Passos reflejó en ‘Manhattan Transfer'.

De Nueva York se marchó a París en 1926, y allí fue uno de los impulsores de la abstracción geométrica. "Pero si Mondrian quería explorar la modernidad por un solo camino, él quería llegar al fondo por los dos caminos a la vez, partía de la razón pero no evitaba la intuición", detalló el comisario. En uno de los frescos que Torres-García realizó para la Diputació de Barcelona representó un gigantesco dios Pan con una cita del ‘Fausto' de Goethe a sus pies: "Lo temporal no es más que un símbolo". "Esa es la llave de toda la poética de Torres-García, la voluntad de entregarse a lo efímero con el fin de llegar a la eternidad", explicó Llorens. Para Torres-García, el clasicismo era la puerta de un futuro mejor, no un freno para la modernidad.

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