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SER MIEMBRO
Israel Galván, cuerpo libre

 

La de Israel Galván (Sevilla, 1973) podría ser la historia de un bailaor que nunca quiso bailar, pero  consiguió sobrevivir a su propio destino convirtiéndose en un cuerpo libre. “En todo caso no fui yo quien eligió lo que iba a ser, y aquello me hacía sentir muy mal”, cuenta. “Reinventarme en cada nueva propuesta, meterme en otros cuerpos, caminar sobre el alambre, siempre al borde del precipicio... son para mí como tablas de salvación: una manera de ser yo aun siendo bailaor”. israelgalvan

Eso explicaría muchas cosas, desde luego. Pero no todo. Porque Israel Galván es uno de esos milagros que se dan sólo muy de tarde en tarde en el mundo del flamenco. Como Belmonte en el arte del toro o Picasso en el de la pintura, nadie había bailado así antes. Radical, siempre pegado a la vanguardia, no ha cesado de abrir puertas y de plantear nuevas posibilidades estéticas y al fin, tras una década larga de desafíos y perplejidades, el mundo se las abre de par en par: ya sea el Museo del Prado, que lo invitó para que explicara a Rubens a través del movimiento; el prestigioso Théâtre de la Ville de París, del que es compañía asociada; o el Teatro Real de Madrid, cuyo nuevo director, Gerard Mortier, le ha encargado una superproducción para el 2012 sobre el mundo de los gitanos.


“Uf, pero no veas, al principio la agenda de actuaciones era un auténtico desierto”, ríe. El principio fueron Los zapatos rojos (1998), una primera creación en la que ya expresaba esa contradicción de no querer bailar dentro de unos zapatos que le llevaban sin que pudiera evitarlo... “En aquella época veía  al público como a un enemigo. Quizás por eso me ponía de espaldas. Era como un encuentro a vida o muerte, y me paralicé. Recuerdo que durante más de un minuto me quedé sin saber qué hacer,  preguntándome que hacía allí, con toda esa gente desconocida juzgándome. Sentía un miedo real y eso provocaba catarsis de baile sobre el escenario. Creo que Pedro disfrutaba con ese desconcierto y lo acabó incorporando... Pero era muy real. Con el tiempo me profesionalicé y empecé a sentirme más a gusto, ahora hay en mí una mezcla de corazón y mente, de cordura y locura, que me hace sentir bien, a gusto. Pero el principio fue durísimo. Fueron años salvajes en los que ni el público ni yo asimilábamos lo que estaba pasando”.


Israel Galván se refiere al artista Pedro G. Romero, director de todos sus espectáculos y cuya presencia explica en buena medida el fenómeno Galván. “Con Pedro he tenido un cursillo acelerado del arte: de Duchamp a Dalí o Picasso. Eso ha hecho que me diferenciara del resto de bailaores y que yo mismo viera el baile ya no como una condena, sino como un terreno artístico que me permitía explorar infinitas posibilidades. Quiero expresarme a través del arte, y si bailo es porque es lo único que se hacer. Mi manera de rodar una película o de pintar un cuadro es a través de mi cuerpo. Alguien me dijo en una ocasión que lo que me diferenciaba de otros bailaores es que yo leía libros, pero es mucho más exacto decir que yo tengo un amigo (Pedro) que lee mucho”.


Hijo de bailaores (José Galván y Eugenia de los Reyes, que bailaba embarazada de él de cinco meses, sentada en una silla, los brazos mirando al cielo), el niño Israel Galván quería ser futbolista (llegó a tener ficha en el Betis), pero su padre le cambió la cancha por los tablaos, “donde, fíjate, ya estaba ahí germinando esa relación extraña con el público. Si un día no me tiraban billetes de color lila me hundía, creía que no gustaba”. Tras una etapa en la compañía de Mario Maya, poco a poco se iría dejando  ir hacia el bailaor único que es, el creador rupturista y siempre pegado a la vanguardia. Un “bicho raro” capaz de cortar el aliento. Como el Gregorio Samsa de La metamorfosis, su segundo espectáculo, con música original de Enrique Morente; el que baila con los pies desnudos o se ata unos cuchillos a la botas para crear su propio bolero sobre una mesa de cristal, en Arena, su aproximación al mundo del toreo; o, en fin, de marcarse un baile dentro de un ataúd en El final del estado de las cosas, redux, obra inspirada en el libro bíblico del Apocalipsis y en Apocalypse now de Francis Ford Coppola.


Israel Galván es un outsider del flamenco –un territorio donde lo nuevo no es bienvenido–, venerado, lo que son las cosas, por público y crítica. Bien. Dibuja perfiles y baila el silencio intentando que suene cada rincón de su cuerpo. Se increpa a sí mismo o se jalea, se anima. Destruye el gesto, cultiva el lujo de la ironía, hace pasar por rabiosamente modernos ademanes aprendidos en maestros antiguos como El Lamparilla o Vicente Escudero y concibe su cuerpo a veces como un lienzo, otras como una guitarra. ¿Ha llegado a sorprenderse incluso a sí mismo? “Lo necesito. Tengo que tener la mente inquieta, no puedo permitirme el lujo de aburrirme. Sólo así podré seguir... De vez en cuando me siento... no ya feliz, pero sí con una chispa que no tengo en la la vida normal. Y eso se lo debo al baile. No tengo ningún respeto a lo establecido, soy como un prostituto dentro de mi cuerpo, lo utilizo para sentirme libre, realizado, y hay ocasiones que en un mismo paso trato de ser Farruco y Forsythe al mismo tiempo, sin dejar de ser yo mismo”.


En Barcelona presenta La edad de oro, una reflexión sobre el tiempo, y recientemente ha estrenado La curva, con la cantaora Inés Bacán y la pianista suiza Sylvie Courvoisier, sin guitarra, teniendo que arrancar el sonido de su propio cuerpo, con el riesgo de poder acabar en la cuneta pegado a las orejas. ¿El futuro? “Ni idea, no sé cómo bailaré en el próximo espectáculo. Sigo teniendo mucha energía, pero sin quererlo la edad te va cambiando. Ya cumplí 38 años, y lo mejor del caso es comprobar que la vejez te libera de la técnica. Me doy licencia para no demostrar nada”. Y respecto a la producción del Real, avanza que Mortier quiere algo “un poco venenoso y corrosivo” y que lo tendrá. “Hacer cosas que no se han hecho antes es entrar en un laberinto de ansiedad, pero es ahí donde me siento cómodo. Sin ello me vengo abajo.”

La Vanguardia

 

 


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