Español   English   
Arte y Ritmo
Punto de encuentroVideotecaTu músicaPublicacionesEl rincón del artistaNoticias e Informaciones
Para todos
ExposicionesEventosEspectáculosConciertosCongresosConcursosCursos y seminarios
ir
SER MIEMBRO
Una exposición muestra la relación de las personas con sus detritus

 

Repugna, perturba y mortifica; imposible darle la espalda, porque la porquería #7;está ahí, seguimos generándola mal que nos pese, y estamos abocados a gestionarla para que no trastoque nuestras vidas. Ahora al menos comprendemos que, además de molesta, es perjudicial, pero no siempre fue así. expodirt

En 1854, tras una mortífera epidemia de cólera en Londres, el doctor John Snow quiso demostrar a las atónitas autoridades que la enfermedad no venía de un miasma, como se creía entonces, sino del agua que bebía la población, contaminada por excrementos humanos. Snow marcó con una cruz cada cadáver en un plano y concluyó que todos #7;orbitaban en torno a una fuente sospechosa. Ahí radicaba el mal.

Lo relata estos días con profusión de vomitivos detalles la exposición Dirt. The filthy reality of everyday life (Suciedad. La asquerosa realidad de la vida cotidiana), que la Wellcome Collection de Londres alberga hasta el 31 de agosto, y que a través de 200 piezas retrata la ambivalente relación humana con desechos, polvo y mugre. Vivir inmersos en porquería fue usual en ciudades europeas durante siglos, circunstancia que ahora, protegidos por redes de alcantarillas, habituados a la ducha diaria y envueltos en nubes de colonia y desodorante, nos resulta difícil de imaginar.

"La suciedad es un tema fas#7;cinante para una exposición; es materia (bacterias, excrementos, inmundicia...) a la que dedicamos gran cantidad de tiempo y energía, evitándola o limpiándola –arguye desde Londres la comisaria de la muestra, Kate Forde–. La suciedad es un tema de actualidad, ahora que nuestras economías pro#7;ducen más residuos que nunca y cuando el 50% de la población mundial vive en ciudades y está potencialmente expuesta a mayor riesgo de enfermedades infecciosas por la superpoblación y el saneamiento no siempre adecuado". Que la mitad de la población se concentre en urbes multiplica las dificultades de gestión de residuos. En el siglo XVII, el porcentaje de habitantes en ciudades era del 7%, y esas gentes vivían y morían resignadamente, sin cuestionárselo, en un mar de roña.

Ese vínculo ineludible –la suciedad que generamos no está nunca lo bastante lejos de nosotros, por mucho que nos esforcemos en apartarla de nuestra vista y en afectar sofisticación– es objeto de estudio de investigadores en universidades europeas. "La limpieza es una cuestión cultural, pero eso no significa que no sea real –puntualiza desde Abo (Finlandia) el filósofo Olli Lagerspetz, autor del libro Smuts (suciedad, en sueco, publicado por primera vez en Suecia en el 2006)–. Cultura implica participación activa en el entorno, abre el mundo a nosotros de un modo específico, y ahí aparecen las nociones de responsabilidad y de 'estar a cargo de'. Entendemos que las cosas pueden mancharse o dañarse, y que requieren ser limpiadas, ordenadas, reparadas o que, al final, las tiremos a la basura".

Según la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA), cada europeo produce seis toneladas de basura al año, aunque sólo el 8% es basura doméstica. Los desperdicios nos acechan, exigiendo su lugar en el mundo, o pidiendo a gritos reciclaje. "Basura es hoy un término que abarca todo lo que se desecha en el hogar, y es un fenómeno urbano –prosigue Lagerspetz–. En las sociedades rurales tradicionales no había basura; los desperdicios eran reutilizados, quemados o usados como fertilizantes (intestinos, plumas, harapos, estiércol...). Había poco dinero para comprar cosas nuevas, pero sí espacio para almacenamiento y fuerza de trabajo".

La suciedad, como tantos resultados de la actividad humana, es relativa. "El concepto actual de suciedad parece combinar lo no higiénico/no saludable con ideales estéticos sobre cómo debe ser el aspecto de las cosas", tercia Rosie Cox, socióloga de la Universidad de Londres-Birkbeck, especializada en el estudio de limpieza y menaje. En siglos pasados, había otras creencias sobre insalubridad –se temía a otras sustancias, y eso era lo que tocaba eliminar– y triunfaban otros modelos estéticos. "La suciedad estaba relacionada con la posición social –recalca Cox–, así que la gente limpiaba las partes más públicas de la casa, como los umbrales de las porterías, y no limpiaba otras, como los dormitorios. Ahora, la limpieza está muy vinculada a la salud". Pero algo de poso queda: "No siempre somos conscientes de cuánto limpiamos para que las cosas tengan un aspecto correcto cuando sabemos que otras personas van a verlas", alerta Cox.

De hecho, la exposición londinense se planteó partiendo de la fallecida antropóloga británica Mary Douglas, referencia mundial en el tema, quien arguyó que la suciedad es "materia fuera de lugar" y que se halla sobre todo "en los ojos del espectador", por lo que depende de su contexto para ser definida. "El énfasis de Douglas en la idea de contexto nos llevó a buscar localizaciones donde podía haber suciedad en sus formas más variadas –explica la comisaria, Kate Forde–, para examinar así cómo era utilizada, ignorada, cuidada o gestionada".

Rechazarla era un lujo. En la Barcelona de inicios del XIX, las heces se acumulaban en pozos negros en las casas. "Había limpiadores de pozos, que no cobraban por ese trabajo, sino que pagaban, porque vendían el contenido como abono a los payeses de los alrededores –explica el historiador y bloguero Dani Cortijo, autor del libro Històries de la història de Barcelona–. Los limpiadores iban acompañados de 'catadores', que literalmente probaban el contenido para calibrar su acidez, importante para ser abono".

La muestra (Wellcomecollection.org) recoge cinco lugares: la Londres de John Snow; la ciudad neerlandesa de Delft en el siglo XVII –satirizada en la época por su apego al aseo–; un hospital de Glasgow en 1860 pródigo en amputaciones; el Museo de la Higiene de Dresde a inicios del siglo XX, de inquietante aroma nazi; la Nueva Delhi actual con sus recolectores de heces, y el antiguo vertedero de Nueva York, que en el 2030 se convertirá en parque. Desde la inauguración en marzo, 75.000 personas han visto la muestra. La cochambre repele pero fascina.

La Vanguardia

 

Noticias e Informaciones
 
Arte y Ritmo
C/ Juan Pablo Bonet, 18 Pral
50006 Zaragoza • España
E-mail. dpto.gestion@arteyritmo.org
E-mail. comunicacion@arteyritmo.org
Tel. (34) 976 060 819
Tel. (34) 976 277 693
Aviso legal Desarrollado por Laso, S.L.